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Túnez se sitúa como detonante histórico de esta revolución democrática, gracias a unas características regionales propias: la penetración de las ideas occidentales a través del turismo y los medios de comunicación, un régimen económico oligárquico, la situación de libre comercio con Europa, la intervención de las multinacionales extranjeras, la desigualdad norte-sur y una estructura social marcada, entre otras cosas, por la pobreza, el elevado paro registrado entre la juventud (en torno al 60 %), el papel de la mujer y una menor penetración del islamismo. El estado tunecino había sido elogiado por el presidente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, como el «país modelo» para el Maghreb, para los países «islámicos» y para toda África. La intensa movilización popular contra este modelo, muy insatisfactorio para el conjunto de la población, tuvo lugar durante cuarenta días y se denominó «Revolución de los Jazmines». El desencadenante último fue la crisis mundial, que en el Mahgreb condujo a una imparable escalada de precios en los productos de consumo y un enorme impacto sobre el bienestar de la ciudadanía. Tuvo como consecuencia más de cien muertos, pero también dio lugar a la caída del gobierno de Ben Ali y a la extensión del movimiento revolucionario a lo largo del Mahgreb.
Estas primeras Jornadas de Estudios Mediterráneos: «Túnez y la Primavera Árabe. Cultura sociedad y Revolución» reflexionaron sobre las diferentes dimensiones de la Primavera Árabe, centrándose en el papel de Túnez como origen y modelo de las revueltas en los países mediterráneos. Se analizó el papel de los jóvenes y de las mujeres, de los medios de comunicación, de la universidad y de la literatura, y se indaga en los elementos que deben concitarse para facilitar una verdadera transición hacia la democracia. Las jornadas además sircieron de encuentro y de espacio académico de reflexión en torno al papel de la cultura y la educación en el entorno mediterráneo.
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